Scioli, que promete continuidad con cambios y Macri, que ahora “adhiere 100% a las banderas del justicialismo” seguramente siguen de cerca, por sus vinculaciones empresariales, lo que sucede en Brasil. Cristina, probablemente, siga, además, la crisis griega, porque es ahí donde le gustaría situarse ideológicamente.
Menos se sabe sobre Ecuador, donde Correa lanzó un ajuste feroz a pedido del FMI tras la baja del precio internacional del petróleo, que le valió movilizaciones de sus bases sociales campesinas, obreras e indígenas. Reprimió la marcha. A la par que avanzó con intentos de censura. En Bolivia, aunque con menor intensidad aún pero mayor relación con el FMI, se da un panorama similar al ecuatoriano y al brasilero, en cuanto a la corrupción, sobre todo en la vinculada al área de energía.
De Chile se analiza poco el aspecto económico de la impopularidad del centroizquierda. No es solo la corrupción y el nepotismo. Sino que el prometido giro populista de Bachelet en este regreso, quedó en un veremos impotente.
La corrupción, tema central en Brasil y Chile y Venezuela y Ecuador y Bolivia, es la manera recortada en que las corporaciones comunicacionales captan el malhumor popular debido al giro a la derecha en economía. En Argentina, también.
Esto no quiere decir que la corrupción no importe a los más humildes, al contrario. Quiere decir que la visualizan como la raíz de la desigualdad social.
Lo mismo cree el Papa Francisco, que convocó a hacer lío. Y lo está logrando.